Les hicieron sonar el teléfono en cualquier momento para preguntarles: casi cinco de cada diez veces, estaban pensando en otra cosa
Terminas de leer una página entera y no recuerdas nada de lo que decía. Los ojos fueron siguiendo las letras, pero la cabeza estaba en otra parte.
En 2010, un equipo de la Universidad de Harvard quiso captar justamente esos momentos. Creó una app para iPhone y hacía sonar el teléfono de la gente en cualquier momento: caminando, comiendo o trabajando. Unas 5000 personas dejaron casi 250 000 respuestas, y el equipo analizó las respuestas de 2250 adultos.
En este artículo aparece un gesto muy pequeño que puedes probar en esos momentos.

¿Cuánto tiempo pasamos pensando en otra cosa?
Según un estudio de 2010 de la Universidad de Harvard, las personas pasan casi la mitad del tiempo en que están despiertas pensando en algo distinto de lo que están haciendo, es decir, distraídas. En ese estudio, de Killingsworth y Gilbert, publicado en la revista Science, el 46,9 % de los momentos en que 2250 adultos contestaron las preguntas de su teléfono eran momentos de estar pensando en otra cosa. Killingsworth & Gilbert, Science, 2010.
El método era sencillo. El teléfono sonaba en cualquier momento del día y hacía tres preguntas: cómo te sientes ahora, qué estás haciendo y si estás pensando en algo distinto de lo que haces. El ánimo se contestaba en un control deslizante de 0 (muy mal) a 100 (muy bien), y la actividad se elegía entre 22 opciones.
Cambiar de actividad apenas reducía las distracciones. En todas las actividades, salvo el sexo, al menos el 30 % de las respuestas correspondían a momentos de estar pensando en otra cosa. El estudio señala que ese porcentaje es bastante más alto que el que suele aparecer en experimentos de laboratorio.
Pero lo que el equipo quería saber de verdad no era cuánto nos distraemos, sino cómo estábamos de ánimo en esos momentos.
¿Baja el ánimo cuando la mente se va a otra parte?
En el estudio de Harvard de 2010, los 2250 adultos puntuaron su ánimo (de 0 a 100) más bajo en los momentos en que tenían la cabeza en otro lado que cuando estaban concentrados en lo que hacían. Pasó en todas las actividades, incluso en las menos agradables: con la misma tarea entre manos, el ánimo era distinto según el pensamiento estuviera en ella o no.
Lo que mejor explicaba el ánimo no era la actividad, sino dónde estaba el pensamiento. Si miramos cuánto cambiaba el ánimo de un momento a otro, la actividad explicaba un 4,6 % de esos cambios; el hecho de estar pensando en otra cosa, un 10,8 %.
Pesó más dónde estaba el pensamiento que lo que hacían.
Entonces, ¿cambia algo si lo que se piensa es agradable?
¿Y si el pensamiento al que se van es agradable?
En el estudio de Harvard de 2010, cuando el pensamiento al que se iba la mente era agradable, el ánimo era parecido al de los momentos de concentración: pensar en algo agradable no hacía más felices a los participantes. Con un pensamiento neutro, el ánimo era claramente más bajo que con la concentración, y con uno desagradable, mucho más bajo todavía.
El estudio también preguntó adónde se iba el pensamiento. En el 42,5 % de los momentos de distracción era un tema agradable, en el 31 % neutro y en el 26,5 % desagradable. Lo agradable era lo más frecuente, pero no subía el ánimo por encima del de la concentración.
Es decir, aun cuando la mente se iba a un lugar agradable, apartarse de lo que se estaba haciendo no mejoraba el ánimo. Queda una duda: ¿no será que se distraen porque ya tienen el ánimo bajo?
¿Nos distraemos porque el ánimo está bajo, o baja el ánimo porque nos distraemos?
En el estudio de Harvard de 2010, el análisis del orden en el tiempo sugirió que pensar en otra cosa no es solo consecuencia de un ánimo bajo, sino en buena parte también una de sus causas, aunque no lo demostró. Ya se sabía que, con el ánimo bajo, la mente se va más a otra parte. Por eso el equipo analizó el orden temporal por separado: primero aparecía el pensamiento en otra cosa, y el ánimo bajaba después.
También hay que mirar los límites. Los participantes eran voluntarios que usaron una app de iPhone, y el 73,9 % vivía en Estados Unidos. El ánimo es lo que cada persona contestó en ese momento. Como lo que se hizo fue analizar el orden de los hechos, nadie aumentó ni redujo las distracciones en un experimento. Por eso no se puede decir que estos resultados valgan tal cual para todo el mundo.
Aun así, la imagen que deja el estudio es clara: distraerse es muy frecuente, y en esos momentos el ánimo era más bajo.
¿Hay que evitar distraerse?
En el estudio de Harvard de 2010, pensar en otra cosa ocurrió en casi la mitad de los momentos analizados, así que intentar evitarlo a toda costa no tiene mucho sentido: lo primero es darse cuenta de que la mente se fue a otra parte. Es común intentar frenarlo a base de fuerza de voluntad, pero no es una falla que haya que eliminar, sino algo que nos pasa a todos.
El verdadero problema es que, mientras la mente se va a otra parte, no te das cuenta de que se fue.
Solo lo notas cuando alguien te habla o la tarea se traba y, de golpe, vuelves. En el experimento, ese aviso era el sonido del teléfono: al sonar y recibir la pregunta, la gente miraba dónde estaba su pensamiento.
Pero en la vida diaria nadie te hace sonar ese aviso.
Entonces, ¿se puede hacer sonar ese aviso por cuenta propia?
Practicar el darse cuenta de que la mente se fue es la meditación mindfulness
Practicar el darse cuenta de que la mente se fue a otra parte es lo que se llama meditación mindfulness (atención plena). Consiste en prestar atención a la respiración, darse cuenta de que la mente se fue y volver a la respiración, una y otra vez. El estudio de Harvard de 2010 sobre la mente que divaga no puso a prueba la meditación. Pero la meditación mindfulness es justamente esto: practicar, una y otra vez, darse cuenta y volver.
Lo que se hace es sencillo. Cierras los ojos y pones la atención en la sensación de respirar. Al poco rato aparece otro pensamiento y, casi sin notarlo, ya vas detrás de él. En algún momento llega el «ah, estaba pensando en otra cosa» y vuelves a la respiración. Darse cuenta y volver: ese único gesto es todo. No hay que evitar que aparezca un pensamiento: es una oportunidad más de darse cuenta.
No hace falta un cojín de meditación, ni una habitación en silencio, ni mucho tiempo. Distraerse no es un fracaso. El momento en que te das cuenta ya es una repetición de la práctica.
Soy el desarrollador de True Meditation, la app de este sitio. Cuando practicas a solas, es fácil darte cuenta de que la mente se fue mucho después, así que hice una app que avisa justo en ese momento. El gesto pequeño para probar: cierra los ojos y cuenta en silencio un número por cada respiración; con cada número, toca la pantalla dos veces. Si la mente se va a otra parte, el ritmo de los toques se desordena; la app nota ese cambio de ritmo y vibra suavemente.
Si mientras leías este artículo tu pensamiento se fue a otra parte un momento y volvió, acabas de darte cuenta de una distracción.
En resumen
En el estudio de Harvard de 2010, el 46,9 % de los momentos de 2250 adultos eran de pensar en otra cosa. En esos momentos el ánimo era más bajo en cualquier actividad, y un pensamiento agradable no lo subía por encima del de la concentración.
Los datos del estudio de Harvard de 2010 son de voluntarios que usaron una app de iPhone y contestaron sobre ese mismo momento, así que no se puede decir que valgan tal cual para todo el mundo. Aun así, lo primero no es detener los pensamientos, sino darse cuenta de que la mente está en otra parte; la meditación mindfulness (poner la atención en la respiración, darse cuenta de que la mente se fue y volver) es una forma de practicarlo.
True Meditation no es una app de meditaciones guiadas para escuchar. Es una app para practicar la meditación mindfulness por tu cuenta: un entrenamiento para darte cuenta de tus propios pensamientos. Se descarga gratis en el App Store y Google Play.
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