Por qué no puedes soltar el teléfono por la noche, aunque te caigas de sueño
Tienes sueño. Mucho.
Los videos que estás viendo ni siquiera son tan buenos.
Sabes que mañana lo vas a pagar.
Y aun así, no sueltas el teléfono.
¿Por qué?
Puede que no sea solo falta de fuerza de voluntad.
Te has pasado el día entero haciendo lo que tocaba, y irte a dormir así, sin más, se siente un poco injusto.
Haces lo que te piden en el trabajo,
llegas a casa, haces lo que hay que hacer, y ya es hora de dormir.
Pero de lo que tú querías hacer hoy, no has hecho prácticamente nada.
«¿Y ya, a dormir? ¿Así, sin más?»
Así que te dan ganas de recortarle un poco al sueño con tal de tener un rato para ti.

Retrasar la hora de dormir a pesar del cansancio tiene nombre
Retrasar por voluntad propia la hora de dormir a pesar del cansancio se llama en psicología procrastinación a la hora de dormir (bedtime procrastination), y en redes y medios se conoce como procrastinación vengativa del sueño. La persona no tiene ningún motivo externo para acostarse tarde, pero pospone el sueño para recuperar por la noche el tiempo propio que el día no le dejó.
El término lo acuñaron investigadores de los Países Bajos en 2014; en 2019, un estudio en el que se entrevistó a 17 personas que suelen acostarse tarde encontró que algunas retrasaban el sueño a propósito porque sentían que se merecían un tiempo para sí.
Pero aquí hay algo que no cuadra.
Si el tiempo propio de la noche es tan valioso, ¿por qué acaba en el teléfono?
El tiempo libre que ganas de noche recortando sueño suele acabar en el teléfono: llega cuando ya no te queda energía y sin ningún plan para usarlo, así que lo más fácil, el teléfono, lo llena.
¿De verdad lo que querías hacer era ver 50 videos cortos seguidos?
Muchas veces, seguramente no.
La razón es sencilla.
Cuando por fin tienes tiempo para ti, ya es demasiado tarde.
Ya no te queda energía y no has decidido qué hacer.
Y en ese momento, lo más fácil que tienes a mano es la pantalla.
Así que ves un reel, y luego otro, echas un vistazo a las redes, y sin darte cuenta se te van una o dos horas.

Y cuando por fin apagas la pantalla, te quedas otra vez con las ganas.
Le quitaste horas al sueño para tener tiempo para ti,
y al final no hiciste lo que de verdad querías.
Entonces, ¿se arregla dejando de mirar el teléfono?
Tampoco.
Hay días en los que mirar el teléfono por la noche está bien
Si durante el día tuviste un rato para disfrutar o descansar, y además hiciste algo que le suma a tu yo del futuro, como ejercicio o aprender algo, mirar el teléfono por la noche está bien: ya cuidaste de ti hoy y de tu yo del futuro, y no hace falta que cada minuto sea productivo.
Basta con mirar el día desde dos lados.
Primero: ¿hoy hubo algo para ti?
Si pasó algo divertido,
si pasaste tiempo con alguien que quieres,
si jugaste un rato o descansaste con calma,
tu yo de hoy ya recibió algo.
Segundo: ¿le dejaste algo a tu yo del futuro?
Si hiciste ejercicio,
si aprendiste un poco de eso que querías aprender,
si avanzaste un poco en algo que estás creando,
si pudiste avanzar un poco con eso que venías posponiendo,
el día también le dejó algo a tu yo del futuro.
¿Y entonces?
Mira el teléfono tranquilamente.
No hace falta que todo tu tiempo sea productivo.
El problema son los otros días.
Los días en los que solo hiciste lo que «tocaba» son distintos
Un día hecho solo de obligaciones, sin nada divertido y sin nada para tu yo del futuro (como hacer ejercicio o aprender algo), suele dejar una noche con la sensación de que el día se perdió. Antes de encender el teléfono, mira qué te faltó hoy: diversión, descanso o algo que tenías ganas de hacer. Si lo que faltó fue diversión, el teléfono puede ser una compensación válida.
Si hoy casi nada te alegró,
y tampoco le dejaste nada a tu yo del futuro,
la noche puede saber a poco.
Pero ni siquiera entonces hay que ponerse a estudiar o hacer ejercicio a la fuerza.
Basta con mirar primero qué te faltó hoy.
Si te faltó diversión, quizá la respuesta sea un videojuego o un rato de scroll.
Si estás sin energía, quizá la respuesta sea descansar sin hacer nada.
En cambio, si llevas días sin hacer algo que tenías ganas de hacer,
quizá hoy te venga mejor dedicarle aunque sean 20 minutos.
Lo importante no es si miras el teléfono o no,
sino si el teléfono de verdad te está dando lo que necesitas ahora.
Pero todavía queda un problema.
Pensar a las 11 de la noche qué te faltó en el día termina otra vez en el teléfono
Ponerse a pensar a las 11 de la noche qué te faltó en el día, entre diversión, descanso o algo que querías hacer, y cómo usar lo que queda de la noche suele terminar en abrir el teléfono, porque a esa hora, con sueño, cuesta decidir y gana lo más fácil. Por eso conviene decidirlo antes de que llegue la noche: si ya tienes elegida una cosa que llevas tiempo queriendo hacer y cuánto tiempo le vas a dar, no tienes que volver a pensarlo cuando te caes de sueño.
Porque a esa hora ya no queda energía.
Así que la respuesta es más simple de lo que parece.
Decidir una sola cosa antes de que llegue la noche.
Algo que llevas tiempo queriendo hacer.
Y el tiempo que le vas a dedicar.
30 minutos de ejercicio,
20 minutos de guitarra,
30 minutos dibujando.
No tiene que ser nada grandioso.
Pero hay algo que no puedes dejar fuera.
El sueño.
Hacer ejercicio, estudiar o crear algo no es lo único que le deja algo a tu yo del futuro.
Dormir bien esta noche también es algo que le dejas a tu yo de mañana.
Así que, al planear la noche, basta con decidir tres cosas:
Lo que quiero hacer
El tiempo que le voy a dedicar
La hora de dormir
¿Y si ya lo hiciste?
Con el tiempo que sobre, haz scroll sin culpa.
Si tu yo de hoy necesita divertirse, disfrútalo;
si quieres dejarle algo a tu yo del futuro, adelanta un poco;
y duerme lo suficiente por tu yo de mañana.
No se trata de dejar el teléfono.
Se trata de que no sea el teléfono quien decida en qué se te va el rato que por fin es tuyo.
Si esta noche te encuentras otra vez con el teléfono en la mano,
antes de dejarlo, abre un momento la app de notas.
Lo que quiero hacer:
Tiempo que le voy a dedicar:
Hora de dormir:
Con tres líneas basta.
Parece poca cosa,
pero es una noche que llena a tu yo de hoy,
le deja algo a tu yo del futuro
y cuida también de quien se despierta mañana.
Y cuando esos días se van sumando uno a uno,
quizá tu vida también empiece a cambiar, poco a poco.
Y para poder elegir así, primero hace falta una cosa.
Darte cuenta de lo que estás haciendo en este momento.
Así como te das cuenta de que estás con el teléfono en piloto automático, la meditación consiste en practicar darte cuenta del momento en que te perdiste en tus pensamientos y volver a la respiración.
True Meditation es una app de meditación mindfulness hecha para que puedas practicar justo eso por tu cuenta, de forma sencilla.
¿Y si esta noche, antes de dormir, te das unos cinco minutos para meditar?
En resumen
No poder soltar el teléfono por la noche a pesar del sueño no es solo una cuestión de fuerza de voluntad: puede explicarse por la procrastinación a la hora de dormir, conocida popularmente como procrastinación vengativa del sueño, en la que una persona que ha pasado el día solo con obligaciones retrasa el sueño para tener tiempo propio. El tiempo propio que se gana a altas horas de la noche suele acabar en el teléfono, porque llega cuando ya no queda energía y sin ningún plan. Mirar el teléfono por la noche está bien en un día con un rato para disfrutar o descansar y algo que le suma al yo del futuro, pero en un día hecho solo de obligaciones conviene ver primero qué faltó. Decidir antes de la noche tres cosas, lo que quieres hacer, el tiempo que le vas a dedicar y la hora de dormir, ayuda a que no sea el teléfono el que decida por ti con qué se llena el tiempo propio de la noche.
True Meditation no es una app de meditaciones guiadas para escuchar. Es una app para practicar la meditación mindfulness por tu cuenta: un entrenamiento para darte cuenta de tus propios pensamientos. Se descarga gratis en el App Store y Google Play.
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